Un viejo pasillo de tránsitos y amores,
viejos amigos en un hotel común,
miradas lejanas de pasiones en primavera,
que ahora son un invierno sin luz.
Ecos de una risa a lo largo del ensueño,
que ahora es un lamento perdido por ahí,
se me humedecen los huesos y la piel,
sola se eriza,
al recordar todavía,
lo que la luna ocultó.
La palabra callada,
el tiempo discernido, viejo y perdido,
no vuelve atrás,
cortante y tajante,
nuestros corazones podridos,
nuestra mueca de risa,
en el reflejo ambulante.
Mares de lujuria corren por mi nariz,
solitario el humo que baila al rededor de mi,
es solo un momento fugaz y cesante,
es todo el recuerdo que tengo de mi.
Aunque haya solo un delirio en la locura,
los guerreros mueren solos,
sin historias de convento,
perdidos en los besos de las vírgenes mas putas.