Remontando la mar,
tal cual el pirata y el barquero,
sube la marea.
¡Tierra a la vista!
Suspiro,
bocanada de aire y humo
que va disperso.
Las olas rugen y me atrapan
como intentando gritarme algún recuerdo.
Pude despedirme de aquellas aguas
y hasta de esa, la mujer fantasma
de la que solo quedaban cenizas sin cuero.
Ahora era yo quien venía,
entre verso y besos con algún poeta loco,
que llegó con la noche vestida de frío.
Me quedaba nostalgia metida en los huesos
y para sacarla, fumé un cigarrillo.
La orilla macabra, limpiaba en lo alto,
las huellas de un día, las huellas del llanto.
Eso me queda, escuchar que el mar respira.